Cultura
La ilusión cumplida de dos niños músicos de la Santa María Magdalena
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José Antonio García y José Amador.
A.I.
Es sólo un recuerdo contado por José Amador Bohórquez, un antiguo músico de la Santa María Magdalena. Un recuerdo que lo asalta cada vez que ve tocar a su banda. Hoy, el trabajo, la responsabilidad, hace que esté lejos de ensayos, de procesiones, pero aun así, tiene dentro, como un tesoro preciado, las palabras que aquél día les dirigiera a él y a un amigo, Manuel Rodríguez Ruiz, el que fuera maestro y director de la Agrupación Musical arahalense.
Era el día del Pregón de Semana Santa hace 25 años. Dos niños, José Amador Bohórquez y José Antonio García García, observaban en la calle Marchena la entrada de los componentes de la Banda y demás autoridades en la Parroquia Santa María Magdalena.
Habían ido a todos los ensayos, tenían los trajes comprados, pero no eran más que dos pequeños músicos, que ni siquiera se habían planteado formar parte de una banda en un acto tan solemne como un pregón.
Entonces, entrar en la iglesia para oír la exaltación de la Semana Santa costaba 100 pesetas, una cantidad casi inalcanzable para dos chavales, de 9 y 7 años. Por lo que se conformaban con ser al menos espectadores.
Sólo pensaban mirar porque allí dentro iba a tocar su banda. Pero Manuel Rodríguez Ruíz, que dirigían ya la entrada de todos los componentes en el templo se acercó a ellos y les preguntó: “¿Vais a tocar?”. Estos dos niños lo miraron incrédulos, como si con ellos en realidad no fuera la pregunta. Manolo insistió “¿No tenéis traje?”. Claro que sí tenían traje, tenía de todo, ilusión y muchas ganas de correr. “Venga ir a poneros los trajes y venir a tocar”, les ordenó el director de la Santa María Magdalena.
“Volábamos”, dice José Amador. Volaban los dos para el barrio de la Huerta Perea donde vivían. Allí muy nerviosos se pusieron los trajes y volvieron como una exhalación hasta la iglesia donde sus compañeros ya estaban preparados para comenzar a tocar en el Pregón que abriera la Semana Santa hace 25 años. ¡Ah! tocaban los tambores.
Lo hizo posible su director, Manuel Rodríguez Ruiz. Pequeños recuerdos como este forman también parte de la historia de esta Agrupación, más aún que los premios de un currículum inalcanzable. Porque el reconocimiento de sus músicos por detalles como este hace más grande la memoria, no sólo de un gran músico, sino de la persona que estaba detrás.
Seguro que hay más historias parecidas. En este año de celebraciones se ha destacado la importante labor social de las bandas de música en general y, de esta, en particular. Porque la ilusión de pertenecer a un grupo está por encima de todo, sobre todo cuando se tambalean otras realidades de la vida de estos jóvenes que la banda acoge.
Ni José ni José Antonio tocan en la actualidad pero es y será siempre su banda.
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MARíA
16 de abril de 2014 at 07:23
Pues otra historia relacionada tambien con la Huerta Perea, otro niño de la misma calle de estos comenzaba sus primeros pasos en la banda, de la mano de su inseparable abuelo Carito, gran aficionado o mejor dicho devoto de la banda de Santa María Magdalena de Arahal. Por desavenencias de la vida el abuelo se fue y el niño se encuetra incapaz de volver a tocar su tambor sin la atenta mirada de su abuelo. La cajita,como ellos le decían al tambor, aun guarda silencio a la espera de que el tiempo le de la oportunidad de que el niño la haga sonar.
Sobrino de José Antonio García, nieto de Carito y como consecuencia gran seguidor de la Banda.