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Cultura

La sana pasión de disfrutar de Eurovisión cada año desde dentro

Antoné Ballesteros, un diseñador de moda de 35 años de edad, tiene una pasión. Viajar. Esta semana está en Turín. No es un viaje de los normales que haga la gente que le rodea, aunque estos saben perfectamente que cuando llega el mes de mayo se va, contra viento y marea, en busca de su gran pasión: Eurovisión.

Antoné lleva muchos años viviendo entre su Jerez de la Frontera natal, Sevilla y Madrid, y a golpe de aguja y diseños ha conseguido ganarse la vida, con la vista puesta siempre en que nada más entrar la primavera llega el momento de romper la hucha que le permite asistir en vivo no sólo a la final del concurso eurovisivo, sino a todo lo que se vive en la ciudad que lo acoge durante una semana.

«Una locura genial»

Él mismo admite que lo suyo «es una locura, pero una locura genial», que tuvo su origen en 2001, cuando un grupo de chicos desconocidos hasta ahora comenzaron a salir en Televisión Española protagonizando un desconocido programa llamado Operación Triunfo.

«Fue entonces cuando comenzó mi pasión, porque me hice fan de Rosa López, me enamoré de ella –musicalmente hablando– el día que la escuché cantar Killing me softly, y desde entonces la comencé a seguir allá donde iba».

Antoné era un adolescente entonces, pero cuando la granadina protagonizó aquella primera gala en la noche de aquel lunes, comenzó un viaje sin retorno para este diseñador. Acudía a verla a firmas de discos, promociones de televisión y radio y a todos los conciertos que con su corta edad se podía permitir.

De hecho, no se conformaba con cualquier cosa, ya que sus entradas eran siempre las mejores, aunque tuviese que esperar horas y horas para entrar en un concierto. «Pero me daba igual, porque la ilusión y las ganas de verla me pesaba más que el cansancio», señala.

Pasión por Rosa

Rosa representó a España en Eurovisión en 2002. Antoné ya pensó entonces en que le habría gustado ir a verla al Saku Suurhall de la capital de Estonia, Tallín, pero no le fue posible. Pero ahí empezó su relación con el festival y todo lo que representa, mientras que, de forma paralela, «seguía mi particular relación con Rosa. Fui delegado provincial de su club de fan durante dos años, y recuerdo esa época con muchísimo cariño».

Desde 2002 comenzó a pensar con toda con tranquilidad en lo que quería hacer. Se acostumbró a ahorrar cada euro que podía, y rompió la hucha en mayo de 2009, cuando cogió un avión que le llevó al estadio Olimpiski de Moscú, donde Soraya Arnelas representó a España con La noche es para mí.

Fue su primer Eurovisión. Desde entonces controla cada día del calendario para que nada falle cuando se acerca mayo, con la premisa de que lo suyo no es acudir a la gala final del sábado en la que se decide el ganador, sino estar en la ciudad en concreto cinco días antes, y llenarse de todo el ambiente que rodea al festival y a la gente que le sigue.

La gala del 60 aniversario

Con todo, asegura que uno de los grandes festivales que ha vivido no ha sido precisamente el oficial, sino el que se organizó en Londres en 2015 por el 60 aniversario de Eurovisión. Allí pudo escuchar a Rosa López cantar en un ambiente eurovisivo su sempiterno Europe living a celebration. Su pasión ya no tenía marcha atrás.

«Voy ahorrando por fases. Primero, para el viaje, luego para las entradas y los gastos, hasta que todo está ultimado para viajar», relata.

Su bandera de España y él están en Turín desde el pasado miércoles. Ahora, solo falta ver si le da suerte a Chanel.

Periodista corresponsal de la Agencia EFE, El Correo de Andalucía, eldiario.es... entre otros medios. Cubre principalmente Huelva y Sevilla en varios medios radiofónicos y prensa digital.

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