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Arahal

Un pregón de vivencias de un escritor de provincias

Un pregón de vivencias de un escritor de provincias.

José Carlos Mena volvió a vaciarse. Así se sintió cuando este viernes, 5 de abril, terminó el XXVI Pregón de la Semana Santa de Sevilla del Casino Militar de Sevilla. Casi 10 minutos de emocionados aplausos con el público puesto en pie después de que él desgranara sus recuerdos conjugando poesía y prosa con su natural forma de pregonar.

El escritor arahalense va de una a otra actividad literaria. Acaba de dar a conocer su último libro “La artillera” sobre Manuela Luna, una heroína del siglo XIX natural de Fuentes de Andalucía. Pero a su vez estos días ha estado centrado en escribir un pregón que quedará para la historia de la cúpula militar de la capital hispalense.

 

Componentes de la Junta Directiva del Consejo de Hermandades de Arahal acompañaron a José Carlos Mena en su pregón.

Orgullosos de él se sintió su familia y la directiva del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Arahal que lo acompañaron en el acto, presentado por Juan Antonio Muñoz Martos, profesor de Derecho Penal y Ciencias Criminales de la Universidad de Sevilla. Este profesor está muy vinculado a Arahal gracias a su relación con el abogado local, José Antonio Martínez, de hecho dio en 2017 el Pregón de Glorias en esta localidad y dice que la ilusión de su vida es dar el de la Semana Santa de Arahal.

La estampa del Cristo del Gran Poder

De la mano de este profesor llegó al atril del Casino Militar el arahalense José Carlos Mena. Que volvió a hacer sentir al público la fe por medio de sus vivencias. Una de las que más emocionó fue sin duda la devoción a esa estampa del Cristo de la Salud de San Bernardo que le regalaron en esa etapa de su vida en la que sufrió el padecimiento de una grave enfermedad, con solo 15 años. Supo entonces que saldría en La Madrugá por las calles de Sevilla, y así fue.

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Dios te salve Sevilla… El Señor está contigo… Bendita tú eres… Pureza en el silencio, cruz de bronce infinito, misericordia entre los senderos, que camina alumbrado gente, con el Señor de San Lorenzo”. Así empezó describiendo la Sevilla cofrade, aquella que se pregona con versos acompasados hasta para quienes vienen de la provincia, con ojos dispuestos a descubrir la ciudad de todos los tiempos.

Por eso prosiguió contando cuáles eran sus orígenes, Arahal, un pueblo de olivos, de Sevilla, tan cerca, como escribía ese lema propagandístico. Como debe de hacer todo buen pregonero, empezó desde la infancia a dejar en tiempo presente, ante un público sevillano, todo lo que recordaba de aquella época “más lenta y saboreada con intensidad”, aquella donde “el frikismo era un vocablo desconocido y simplemente disfrutábamos del momento”.

De la mano de su abuelo y su padre

Hasta esta ciudad infinita llegó con firmeza de la mano de su padre y de su abuelo “cicerones cofrades por excelencia” desde el mismo Domingo de Ramos, cuando empezaba la Semana de Pasión para un niño que aún cabía en los hombros de su padre. Desde esta altura llegó a ver muchas cofradías pasar por Puerta Osario, San Martín, Águilas, Los Remedios, El Tardón, Altozano, San Vicente, Orfila… Allí donde Sevilla es calle cofrade todo el año.

El pregonero fue mezclando el pasado y presente, ser hijo y nieto y ser padre y esposo, como vehículo transmisor de una tradición que lo ha llevado a esas tablas del Casino Militar, tradición que lo hace comprender las lágrimas de un niño que no aguanta la espera de, nada menos que un año, para volver a ver la Semana Santa.

Así fue el pregonero de una etapa de la vida a otro, llegando a la adolescencia y al descubrir por sí mismo de un camino cofrade que ya no tenía marcha atrás. De Tiro de Línea a Plaza Nueva, pasando por el Cerro del Águila y San Pablo, los kilómetros no pesaban para estos lances de juventud.

Y como tira la tierra, aunque sea la tierra chica, José Carlos Mena dijo quedarse con una imagen: “un Cristo subiendo un puente, Arahal acariciando sus heridas con sus marchas y todo un barrio que regresa a sus orígenes”.

De promesa por La Madrugá

Pero todo fue camino hasta que llegó La Madrugá, momento de cumplir por primera vez su promesa. Es entonces cuando sale de lo más profundo de su alma aquel hombre ya que había conseguido engañar a la muerte, es entonces cuando le queda una vida por delante para ofrecérsela al Señor que en un estampa resquebrajada “fue mi guardián, mi protector, el adalid de mis pasos inciertos y el que insufló todo el poder para vencer el miedo”.

Después de que el pregón llegara a su punto álgido, solo quedaba descender, poco a poco en estación de penitencia y con la conciencia de que el mundo seguirá siendo injusto, “pero yo siempre tranquilo navego, sin temor a soledades”. Porque la vida queda para seguir reuniendo vivencias, incluso siendo de provincias.

Periodista. Directora y editora de aionsur.com desde 2012. Corresponsal Campiña y Sierra Sur de ABC y responsable de textos de pitagorasfotos.com

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