Huelva
Un juez da la razón a un vecino de Lepe y le permite tener vacas como mascotas si cumple la Ley
El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha dado la razón a un vecino de Lepe (Huelva), José Antonio Oria, que tiene dos vacas como animales de compañía.
José Antonio se fue a la Justicia para impedir que los animales fuesen sacrificados, y lo ha conseguido. Los tres jueces firmantes de la sentencia consideran que puede tener las vacas con él si cumplen todos los requisitos legales para ello, como estar plenamente identificadas con su microchip y pasaporte animal.
Concretamente, la Consejería pedía «el sacrificio obligatorio y sin derecho a indemnización de los bovinos», y aseguraba que estos animales pueden entrar en contacto con otros, «con el consiguiente riesgo de contagio de enfermedades como la brucelosis o tuberculosis».
Citaba también el riesgo para la salud y seguridad de las personas», mientras subrayaba que las vacas «ni siquiera se encuentran debidamente identificados».
Pero este vecino de Lepe certificó ante la sala que se las vacas están inscritas en el registro de Identificación de Animales de Compañía desde el 12 de Noviembre del 2025, y tienen sus correspondientes pasaportes.
«La finalidad de la normativa de la identificación es garantizar la trazabilidad y el control sanitario, y dicha finalidad está, al día de hoy, plenamente cumplida», indica la sentencia.
Por ello, suspende el sacrificio y da un mes a las partes para que, si quieren, presenten recurso.
Unas vacas rescatadas del sacrificio
Todo comenzó hace unos dos años, cuando José Antonio viajó a Sevilla y se topó con dos terneras diminutas destinadas al matadero. Asegura que bastó un gesto para que algo en él se removiera: “Le puse la mano encima y eran muy cariñosas, muy cariñosas”, recuerda. Aquella conexión inmediata lo llevó a tomar una decisión inesperada: “Yo compro la carne que haga falta para el almuerzo pero estas vacas me las llevo para casa”. Las metió en el coche y regresó con ellas a Lepe, decidido a ofrecerles una vida distinta.
Las crio desde pequeñas
Desde entonces, José Antonio se convirtió en su cuidador. Les dio el biberón, el pienso, la paja. Las vio crecer y desarrollar un carácter dócil y afectuoso. Pero pronto chocó con la burocracia: para tener vacas en el campo, la normativa exigía un código de explotación ganadera, instalaciones reguladas y que los animales llevasen los correspondientes crotales en las orejas. Algo imposible en su caso, pues las terneras no tenían esa identificación y, según relata, la OCA incluso llegó a advertirle por escrito de que podrían ser sacrificadas.
Fue entonces cuando descubrió un resquicio legal: la nueva normativa permitía registrar ciertos animales como animales de compañía. Aquello abrió una puerta. “Me moví, busqué un veterinario, les puse microchip y ahora mismo están hechas como animales de compañía. Igual que un perrito, pero más grande”, explica entre risas.
Sus vacas—bautizadas por el veterinario como Tiberia 1 y Tiberia 2—pastorean tranquilamente en su finca, ajenas al revuelo administrativo que su existencia ha generado.
Su vínculo con ellas es tan fuerte que ni contempla la idea de sacrificarlas. “A mí me pegan un tiro y me duele menos que a la vaca”, afirma.
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