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Cultura

Las asociaciones feministas reivindican en el Festival de San Sebastián un audiovisual antirracista y decolonial

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Feministas San Sebastian
El GTI (Grupo de Trabajo Interterritorial por la Igualdad de Género en el Audiovisual) ha celebrado hoy, en el marco del Festival de San Sebastián, la jornada «¿Quién tiene derecho a imaginar? Por un audiovisual feminista, antirracista y decolonial», un encuentro que ha reunido a profesionales del sector para abordar las desigualdades de acceso, representación y participación que afrontan las mujeres racializadas y migrantes en el ámbito audiovisual, quienes reclaman su espacio en la industria, no solo para estar presentes, sino también para participar en la construcción de los relatos, acceder a los espacios de decisión y contar sus propias historias.

La jornada, celebrada en la Sala 1 de Tabakalera, que ha contado con una gran acogida y un importante éxito de convocatoria, ha puesto el foco tanto en quiénes aparecen en nuestras pantallas y cómo son representadas como en quiénes tienen acceso a los espacios desde los que se crean, producen y toman decisiones. A través de mesas de debate y de la presentación de investigaciones, el encuentro ha planteado la necesidad de avanzar hacia un sector capaz de cuestionar sus propias estructuras y generar nuevos imaginarios desde una perspectiva feminista, antirracista y decolonial.

El GTI, integrado por AAMMA, AMMA, CIMA, Dona i Cinema, Dones Visuals, (H)emen y MIA, organiza esta jornada como un espacio de encuentro y trabajo colectivo entre diferentes territorios y ámbitos profesionales. La iniciativa cuenta con la subvención del Ministerio de Cultura y el apoyo del Observatorio de Igualdad de RTVE y la colaboración del Festival de San Sebastian.

Un sector que necesita revisar sus estructuras

La jornada se ha inaugurado con una presentación institucional en la que han participado Maialen Beloki, subdirectora del Festival de Cine de San Sebastián; Beatriz Aparicio, jefa de Unidad del Observatorio de Igualdad; y Jazmín Beirak, directora general de Derechos Culturales del Ministerio de Cultura. Durante su intervención, Beirak ha dejado una de las ideas que han marcado el inicio del encuentro: «El futuro es un acto cultural».

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La primera mesa, «Prácticas y políticas inspiradoras para incluir una perspectiva antirracista y decolonial en el audiovisual», protagonizada por Dagmary Olívar, investigadora y gestora cultural, y Wendy Espinal, productora, cineasta y gestora cultural, y moderada por Beatriz Mbula, cineasta y miembro de la junta directiva de CIMA, ha permitido poner sobre la mesa diferentes experiencias y propuestas para transformar las dinámicas de un sector en el que persisten desigualdades estructurales.

Durante el encuentro se ha incidido en la necesidad de avanzar de la constatación de las desigualdades hacia la identificación de quién tiene capacidad para impulsar cambios reales y qué mecanismos pueden activarse para conseguirlos. Se han comentado casos de éxito de la aplicación de medidas para favorecer la diversidad étnico-racial como Brasil, Colombia y Perú, entre otras.

El acceso a la formación, la financiación y los espacios de decisión ha ocupado buena parte del debate. Las participantes han planteado preguntas como quién puede acceder a escuelas como la ESCAC o la ECAM, quién forma parte de los comités que deciden sobre las ayudas públicas y privadas o hasta qué punto existe diversidad dentro de esos órganos de selección.

La conversación también ha abordado el cuestionamiento al que se enfrentan las creadoras racializadas, tanto respecto a la legitimidad y calidad de sus proyectos como a las historias que se espera que cuenten. Una situación que, además, obliga a asumir una labor constante de pedagogía: «Queremos tener acceso a construir ese relato y la militancia también nos pasa factura».

La idea de la «imaginación radical» ha servido para mirar hacia el futuro y preguntarse hasta qué punto es posible imaginar otros escenarios cuando las barreras siguen siendo tantas y los debates continúan girando alrededor de los mismos problemas. «Nosotras estamos creando los espacios para las siguientes generaciones. Nos necesitamos entre nosotras para seguir presionando y conquistando espacios», se ha defendido.

Beatriz Mbula ha cerrado la conversación recordando que la transformación del sector no depende únicamente de diagnósticos o buenas intenciones, sino de acciones concretas: «Los cambios que queremos son un acto de voluntad».

Nuevas voces para construir nuevos imaginarios

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La segunda mesa, «Nuevas narrativas para nuevos imaginarios / Cineastas que transforman el relato», ha trasladado el debate al terreno de la representación y de la creación de nuevos relatos. Xisi Sofía Ye Chen, directora; Herminia Loh, actriz; Eva Montoya, guionista; y Daisy Cruz, productora, han reflexionado junto a la directora y guionista Lucía G. Romero, moderadora del encuentro, sobre la necesidad de ampliar las miradas desde las que se construyen las historias y cuestionar unos imaginarios que durante décadas han invisibilizado o representado desde el estereotipo a buena parte de la sociedad.

La conversación ha partido de sus propias experiencias como mujeres racializadas que han crecido en España sin apenas referentes en las pantallas y de cómo esa ausencia de «espejos» culturales condiciona la construcción de la propia identidad. Lucía G. Romero ha introducido la charla recordando que, pese a haber crecido en Barcelona, durante su infancia se dibujaba a sí misma como una niña blanca y que no fue hasta que viajó a Brasil, con cinco años, y compartió las aulas con otros niños racializados cuando comenzó a representarse con su propio color de piel. «La falta de espejos hace que no podamos vernos con claridad», se ha señalado durante el encuentro, reivindicando la importancia de que las nuevas generaciones encuentren desde la infancia personajes y relatos en los que reconocerse y que reflejen la pluralidad de la sociedad española.

Pero tan importante como estar en pantalla es cómo se está en ella. Las participantes han analizado el peso de los estereotipos asociados históricamente a diferentes comunidades: desde la criminalización de personajes gitanos o latinoamericanos hasta la representación de las personas asiáticas bajo la idea del «buen migrante». Se ha recordado, en este sentido, el personaje de Osvaldo en Aída, al que se denominaba de manera recurrente «Machupichu», y cómo expresiones racistas normalizadas en la ficción terminaban trasladándose al lenguaje cotidiano. «No solo impacta en cómo te ves, sino también en cómo te construyes en sociedad y en cómo te mira la gente que te rodea», se ha apuntado.

De ahí ha surgido uno de los principales debates de la mesa: la diferencia entre incorporar un personaje racializado para cumplir una cuota y construir un personaje que exista en toda su complejidad. Para avanzar hacia representaciones más auténticas, han defendido la necesidad de contar también con creadoras y creadores pertenecientes a las comunidades cuyas realidades se están narrando.

Al mismo tiempo, se ha señalado el riesgo de la «tokenización» y de que la presencia de profesionales racializadas termine funcionando únicamente como una forma de cumplir con determinados criterios de diversidad. «Nuestra inseguridad viene también de preguntarnos si interesa lo que tenemos que decir o si somos un cupo y ya», se ha reflexionado.

La vuelta a las propias raíces y el acercamiento a cinematografías locales han aparecido asimismo como herramientas para recuperar referentes y genealogías que habían quedado fuera del relato dominante. Encontrar personajes cotidianos y representaciones que no girasen exclusivamente alrededor de la racialidad ha permitido a algunas de las participantes comprender mejor la historia de sus familias y su propio lugar dentro de ella. El reto, han explicado, consiste en dignificar y naturalizar la complejidad de esas identidades sin permitir que una única dimensión las ocupe por completo, dando espacio también a sus deseos, conflictos y preocupaciones más allá de la cuestión identitaria.

De los datos a la acción: dos investigaciones para diagnosticar las desigualdades

La jornada ha continuado por la tarde en el Club de Prensa del Kursaal, donde se han presentado los resultados y conclusiones de dos investigaciones centradas en las desigualdades y violencias que atraviesan el sector audiovisual.

Jenifer de la Rosa ha presentado el informe Mujeres migrantes y/o racializadas en el audiovisual español, elaborado por CIMA, mientras que Sofia Esteve y Fátima Kamaso han presentado el Estudio sobre violencias y desigualdades en el audiovisual catalán, elaborado por Dones Visuals.

Ambas investigaciones han permitido poner cifras, experiencias y evidencias sobre problemáticas que afectan a las profesionales migrantes y racializadas, así como identificar algunos de los principales obstáculos que persisten en el acceso, la participación y el desarrollo profesional dentro de la industria.

La puesta en común de ambos estudios ha servido para establecer un diagnóstico compartido y abrir el debate sobre las medidas necesarias para avanzar desde la identificación de las desigualdades hacia cambios concretos en las políticas, las instituciones y las propias estructuras del sector.

La jornada ha continuado por la tarde en el Club de Prensa del Kursaal con la presentación de dos investigaciones que ponen cifras y testimonios a las desigualdades que persisten en el sector audiovisual: el informe Mujeres migrantes y/o racializadas en el audiovisual español, impulsado por CIMA y elaborado con investigadoras de la Universidad de Salamanca, y el Estudio sobre violencias y desigualdades en el audiovisual catalán, elaborado por Dones Visuals y la Universidad de Barcelona. Ambos trabajos evidencian la existencia de barreras estructurales que condicionan el acceso, la representación y el desarrollo profesional de las mujeres y profesionales racializadas dentro de la industria audiovisual.

El estudio de Dones Visuals y la Universidad de Barcelona, basado en entrevistas a 52 mujeres e identidades de género disidentes con discapacidad, LGTBI y/o racializadas, identifica distintas formas de violencia que atraviesan sus trayectorias profesionales, desde la violencia verbal y el cuestionamiento de sus capacidades hasta el encasillamiento, la falta de accesibilidad, el acoso laboral o las barreras burocráticas y económicas. El informe concluye que estas desigualdades no responden a situaciones aisladas, sino a dinámicas estructurales y persistentes dentro del sector audiovisual. Por su parte, el estudio de CIMA, realizado a partir de 47 entrevistas a profesionales migrantes y/o racializadas, señala una representación todavía insuficiente y estereotipada, especialmente en el caso de las intérpretes, que continúan encontrándose con personajes secundarios, poco desarrollados o asociados a tópicos vinculados a su origen y dinámicas racistas.

Entre las principales barreras detectadas por ambos estudios aparecen también el cuestionamiento constante de la autoridad y las capacidades profesionales, la necesidad de demostrar una excelencia superior para obtener el mismo reconocimiento, y la sensación de no pertenencia a una industria cuyos equipos y estructuras no siempre están preparados para incorporar la diversidad. A ello se suman las dificultades administrativas que afectan especialmente a las profesionales migrantes y que pueden retrasar o interrumpir sus carreras. Los informes alertan, además, del impacto profesional de estas desigualdades: algunas de las entrevistadas han abandonado puestos de trabajo, cambiado de sector o tenido que retrasar o detener sus carreras.

La presentación ha permitido además avanzar en primicia algunos datos del nuevo Informe CIMA 2025, elaborado a partir del análisis de más de 120 largometrajes de ficción inscritos a los 40º Premios Goya. Los primeros resultados reflejan que solo el 9,66 % de los intérpretes son personas racializadas. La presencia se reduce todavía más detrás de las cámaras: únicamente el 4,13 % de las personas que dirigen son racializadas y solo el 1,65 % son directoras racializadas, lo que equivale a dos mujeres. En guion, las personas no blancas representan el 6,25 %, mientras que las mujeres guionistas racializadas suponen apenas el 2,88 %, un total de seis profesionales.

Un Manifiesto para reclamar un audiovisual feminista, antirracista y decolonial

Como cierre de la jornada, las participantes han realizado una lectura colectiva del Manifiesto del GTI, con el que las siete asociaciones que integran el Grupo de Trabajo Interterritorial reclaman un audiovisual comprometido con la igualdad y con la transformación de las estructuras que generan exclusión y desigualdad.

El manifiesto recoge las demandas del GTI para contruir un audiovisual en el que la diversidad no se limite a quién aparece delante de las cámaras, sino que atraviese todas las estructuras del sector: desde quién escribe, dirige, produce o interpreta hasta quién selecciona, financia y toma las decisiones. Para ello, reclama dejar atrás las declaraciones de intenciones y avanzar hacia medidas concretas capaces de transformar quién accede, quién permanece y quién ejerce el poder dentro de la industria. Entre sus principales reivindicaciones se encuentran:

  • Medir y hacer pública la representación étnico-racial dentro y fuera de la pantalla.
  • Incorporar criterios verificables de diversidad en las ayudas y la financiación pública.
  • Garantizar una composición más plural de comités, jurados y órganos de decisión.
  • Impulsar medidas que faciliten el acceso de profesionales racializadas y migrantes del Sur Global a puestos de responsabilidad.
  • Crear recursos específicos para su desarrollo, formación y profesionalización.

Todo ello acompañado de mecanismos de seguimiento que permitan evaluar los avances y exigir responsabilidades, entendiendo que la igualdad no puede depender únicamente de la buena voluntad, sino de cambios estructurales y sostenidos en el tiempo.

«No queremos ser invitadas para hablar de diversidad mientras seguimos fuera de los espacios donde se decide. No queremos fotografías institucionales». Esta reivindicación ha sintetizado una de las principales conclusiones de la jornada «¿Quién tiene derecho a imaginar?», que ha puesto el foco en una cuestión que atraviesa todo el sistema audiovisual: quién puede acceder a la industria, quién ocupa los espacios de decisión, quién puede contar historias, desde qué lugares se construyen los relatos y quién tiene, en definitiva, derecho a imaginar.

Ambas conversaciones ya están disponibles para su consulta en la web oficial del Festival de San Sebastián:

SOBRE EL GTI

El Grupo de Trabajo Interterritorial de Igualdad (GTI) es una red de cooperación que reúne a asociaciones territoriales de mujeres del sector cinematográfico y audiovisual de España con el objetivo de unificar voces, compartir recursos y avanzar hacia una industria más igualitaria y diversa. El GTI está integrado por CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales), de ámbito nacional; AAMMA, de Andalucía; AMMA, de Murcia; Dona i Cinema, de Valencia; Dones Visuals, de Cataluña; Hemen, del País Vasco; y MIA (Asociación de Mujeres de la Industria de la Animación).

Periodista corresponsal de la Agencia EFE, El Correo de Andalucía, eldiario.es... entre otros medios. Cubre principalmente Huelva y Sevilla en varios medios radiofónicos y prensa digital.

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