La Roda de Andalucía
Comienza el arreglo del retablo de Santa Ana de La Roda de Andalucía
Tras doce años de una larga y esperada tramitación, la conservación y restauración del retablo mayor de la Parroquia de Santa Ana es, finalmente, una realidad. Esta misma semana se ha dado el primer paso visible del proyecto con el complejo montaje de las estructuras de andamios. Esta infraestructura permitirá a los técnicos trabajar en la totalidad de la superficie de esta gran joya del barroco del siglo XVIII, que en la actualidad presenta un estado de conservación casi ruinoso y un grave deterioro estructural y superficial.
El proyecto, que se extenderá durante tres meses de intenso trabajo, devolverá el esplendor original a una pieza clave del patrimonio histórico sevillano. Este rescate patrimonial es posible gracias a la cofinanciación obtenida a través de las líneas de ayuda al arte sacro de la Junta de Andalucía, sumada a la movilización y participación económica de los propios vecinos de La Roda de Andalucía que deseen colaborar en la salvaguarda de su identidad cultural.
Valores culturales e identitarios: un símbolo colectivo
El Retablo Mayor de Santa Ana trasciende su indudable valor material para alzarse como el corazón de la memoria histórica de La Roda de Andalucía. Entre sus valores más destacados se encuentran:
- Identidad cromática singular: Su policromía y la manera particular en la que está tratada le confieren un aspecto único y totalmente identificativo con esta parroquia, constituyendo su sello visual indiscutible.
- Referente social y religioso activo: Al haber estado presente durante tres siglos en los momentos religiosos y sociales más importantes de los rodenses, la pieza se ha
transformado en un símbolo identificativo tanto colectivo como personal. Es, a día de hoy, un referente artístico y cultural activo de la religiosidad, del rito y de la fiesta popular rodense.
- Eje de las tradiciones locales: Se trata de un emblema que representa visualmente la historia y las tradiciones del municipio, materializando unos valores sin los cuales no se entendería buena parte de las costumbres más arraigadas del pueblo.
Historia, esplendor y mecenazgo del Marquesado de Estepa
Esta imponente obra de madera tallada y policromada cuenta con unas dimensiones de 7,5 metros de alto por 4,5 metros de ancho. Ejecutada en los años treinta del siglo XVIII, se enmarca claramente en la línea estilística de la prestigiosa escuela antequerana. Su creación responde a la época de mayor esplendor artístico del templo, iniciada a partir de 1728 bajo la jurisdicción del Marquesado de Estepa. Fruto de la importante labor de mecenazgo de este marquesado, el patrimonio artístico de la parroquia se vio incrementado notablemente, en una etapa dorada que concluyó en el último tercio del siglo XVIII.
Evolución e historia material: mutilaciones y alteraciones estéticas
El bien patrimonial permaneció prácticamente intacto hasta el grave saqueo de los años treinta del siglo pasado cuando el retablo mayor sufrió un ataque indiscriminado que lo dejó en un estado casi ruinoso. La falta de recursos económicos de la época obligó a realizar reparaciones burdas que alteraron profundamente su morfología original y cronificaron un pésimo estado de conservación.
Entre las modificaciones más severas sufridas en su historia material destacan la pérdida de la imaginería original—como el grupo escultórico titular de Santa Ana y la Virgen atribuido a Francisco Antonio Ruiz Gijón—, que obligó a reponer las imágenes por otras de nueva factura procedentes de las fábricas de Olot, con diferente advocación y menor valor artístico.
Morfológicamente, desapareció el sotobanco original—sustituido inicialmente por maderas y telas—y el manifestador se transformó en una hornacina horadada en el muro para albergar una imagen de la Virgen de los Reyes, hueco que años más tarde se ocultó adelantando una pintura de caballete. Con el tiempo, se eliminaron las escaleras de fábrica que daban acceso al reverso, se seccionó un estípite para intentar reponer el destruido y múltiples piezas ornamentales se redistribuyeron sin orden lógico para rellenar los huecos vacíos. Además, el retablo fue repolicromado en su totalidad, cambiando radicalmente su aspecto primitivo. No fue hasta el año 2014 cuando se inició un proceso de recuperación con una importantísima restauración arquitectónica del inmueble en la que se reconstruyó el sotobanco en mármol, dejando pendiente la intervención del retablo que ahora comienza.
Plan de intervención: seis fases técnicas
El equipo técnico ha diseñado una meticulosa hoja de ruta dividida en seis fases sucesivas para garantizar la seguridad de la pieza y el éxito de la restauración:
- Diagnóstico preliminar: Registro, etiquetado minucioso de cada elemento, limpieza superficial y protección previa de las zonas vulnerables.
- Desmontaje selectivo: Retirada con sumo cuidado de aquellas piezas ornamentales que requieran una intervención individualizada.
- Tratamiento del soporte: Fase crítica centrada en la estructura y los anclajes del retablo. Incluye desinsectación frente a plagas, consolidación de la madera, eliminación de intervenciones anteriores perjudiciales y reintegración del soporte. [1]
- Limpieza química: Intervención profunda sobre las policromías y dorados para la eliminación de ceras, acumulación de humos, grasas y suciedad.
- Reconstrucción y ensamblaje: Montaje y reorganización definitiva de todas las piezas ornamentales previamente retiradas y restauradas.
- Acabado estético: Aplicación de capas superficiales, reintegraciones cromáticas finales bajo criterios científicos y protección para asegurar su conservación futura.
Dirección técnica y vanguardia científica
La responsabilidad y dirección técnica de la intervención recae en el restaurador y conservador don Juan Antonio Aguilar Jiménez. Para afrontar la complejidad de la obra, Aguilar Jiménez lidera un equipo multidisciplinar compuesto por más de siete profesionales de alta cualificación. Este grupo técnico integra a conservadores, restauradores, historiadores, biólogos y químicos, quienes trabajarán de manera conjunta para descifrar los secretos constructivos, materiales y patológicos de este bien artístico.
El análisis de los materiales, la identificación de los agentes de deterioro biológico y los estudios químicos de los estratos pictóricos se llevarán a cabo en las instalaciones científicas de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. El uso de estos laboratorios universitarios garantiza la aplicación de los criterios de restauración más estrictos a nivel internacional. Asimismo, una comisión gestora coordinará de forma integral los planos económico, artístico y divulgativo de la obra.
Durante las próximas semanas, los habitantes de La Roda de Andalucía y los amantes del patrimonio andaluz serán testigos directos de cómo el talento técnico, la investigación científica y el compromiso vecinal devuelven la vida a este tesoro del barroco.
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