Sevilla
El Último de la Fila emocionó a 70.000 personas en una noche histórica en el Estadio La Cartuja de Sevilla

Juan Carlos González.
El esperado regreso de Manolo García y Quimi Portet reunió anoche a cerca de 70.000 espectadores en Sevilla, en uno de los acontecimientos musicales más importantes del año y en un emotivo reencuentro con varias generaciones de seguidores.
Sevilla volvió a convertirse anoche en la capital de la música en directo. El Estadio La Cartuja acogió el esperado concierto de El Último de la Fila, el legendario dúo formado por Manolo García y Quimi Portet, en una cita que trascendió el ámbito musical para convertirse en un acontecimiento cultural y generacional.
Cerca de 70.000 personas llenaron el recinto sevillano para asistir al regreso de una de las bandas más influyentes de la historia del pop español, casi tres décadas después de su despedida de los escenarios. Desde los primeros acordes, el público respondió con una entrega absoluta, coreando unas canciones que forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones.

Fundado en 1985, El Último de la Fila revolucionó el panorama musical español con una propuesta que fusionó pop, rock, influencias mediterráneas y matices flamencos, todo ello acompañado de unas letras poéticas y profundamente personales. Durante trece años de trayectoria publicó siete discos de estudio que hoy forman parte del patrimonio musical español.
El grupo anunció oficialmente su separación el 13 de enero de 1998, poniendo fin a una de las carreras más brillantes de la música española. Desde entonces habían transcurrido 28 años, un periodo durante el que nunca desapareció el deseo de sus seguidores de volver a contemplar sobre un mismo escenario a dos artistas cuya complicidad artística marcó una época.

Canciones como Insurrección, Aviones plateados, Como un burro amarrado en la puerta del baile, Mar antiguo, Sara, Lápiz y tinta, Querida Milagros o El que canta su mal espanta volvieron a sonar con la misma fuerza que cuando fueron publicadas. Himnos que emocionaron tanto a quienes crecieron con el grupo durante los años ochenta y noventa como a las nuevas generaciones que han descubierto su música gracias a las plataformas digitales y al legado transmitido de padres a hijos.
A lo largo de su trayectoria, El Último de la Fila vendió millones de discos y protagonizó algunas de las giras más multitudinarias celebradas en España, reuniendo a cientos de miles de espectadores y consolidándose como uno de los mayores fenómenos musicales del país.
El reencuentro de Manolo García y Quimi Portet no fue únicamente una reunión para interpretar grandes éxitos; representó la recuperación de una complicidad artística que permanecía intacta. Ambos demostraron sobre el escenario que el paso del tiempo no había disminuido la química que convirtió a El Último de la Fila en una referencia imprescindible de la música española.
El concierto destacó también por una espectacular producción técnica. Un impresionante despliegue de iluminación, sonido de última generación y recursos audiovisuales acompañó un repertorio cuidadosamente diseñado para recorrer toda la trayectoria del grupo, ofreciendo un espectáculo de gran formato a la altura de una ocasión histórica.
Uno de los grandes protagonistas de la noche fue, sin duda, el público. La conexión entre los artistas y sus seguidores fue constante durante todo el concierto. Manolo García volvió a demostrar el enorme carisma que siempre le ha caracterizado, su cercanía con los espectadores y una capacidad única para emocionar desde el escenario. A su lado, Quimi Portet aportó la elegancia musical, la precisión técnica y el talento compositivo que siempre definieron el sonido inconfundible del dúo.

Tras la separación del grupo en 1998, ambos emprendieron exitosas carreras en solitario. Manolo García publicó una extensa discografía que lo consolidó como uno de los grandes referentes de la música española contemporánea, mientras que Quimi Portet desarrolló una brillante carrera como cantante, guitarrista y compositor, especialmente reconocida en Cataluña, manteniendo intacta su personalidad artística y su prestigio como uno de los músicos más creativos del panorama nacional.
La celebración de este concierto volvió a poner de manifiesto la importancia del Estadio La Cartuja como uno de los grandes espacios para la música en directo en España. Su capacidad para albergar producciones de gran formato y conciertos multitudinarios consolida a Sevilla como una de las ciudades de referencia dentro de los grandes circuitos musicales nacionales e internacionales.
Más allá del éxito de asistencia, la noche dejó patente el enorme valor de la música en directo interpretada con calidad, autenticidad y emoción. El regreso de El Último de la Fila fue mucho más que un concierto: fue la celebración de una trayectoria irrepetible, el reencuentro de dos artistas fundamentales de la música española y la demostración de que las grandes canciones son capaces de emocionar con la misma intensidad a varias generaciones de espectadores.
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