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Cultura

Luar Na Lubre, dos horas de éxtasis en Sevilla

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Lucía Díaz Uceda.

Sonido envolvente desde la primera canción en un Teatro Los Remedios repleto y expectante que ya en el primer tema fue evolucionando hacia tintes enérgicos donde daban ganas de levantarse. Canciones instrumentales, vocales y leyendas que llenaron de magia el concierto, jugando con los contrastes entre temas íntimos y ritmos animados. Bieito Romero saludó al público dando las “boas noites” y compartiendo que venían de tocar en Plasencia, siendo la octava vez que tocaban en Sevilla y aludiendo a la calidez que se solían encontrar en esta tierra. Calidez que contrasta con el frío de sus montes, ya que Bieto destacó que venía con una ronquera que había cogido en Monterroso, capital de la comarca de Ulloa en el corazón de Galicia vinculada con el camino de Santiago francés, del que después nos habló a lo largo del concierto. Nos avisó de una duración generosa de dos horas en la que se entremezclaron las canciones de los cuarenta años de su trayectoria, especialmente los de su último trabajo, “Encrucillada”, junto con canciones que saldrán en mayo en su siguiente y vigésimo tercer trabajo, queriendo tomar el espectáculo como un laboratorio de pruebas.

Tras esta cercana y agradable presentación el grupo comenzó con “Fonte do Araño” de Emilio Cao, a quien consideran que abrió la música celta moderna en Galicia y que es fuente de inspiración y referencia, comenzando así por la raíz, si bien la música celta en sí ya es eso.

Y de ahí a Compostela, con la ineludible canción “Chove em Santiago” uno de los seis poemas galegos de nuestro querido Lorca al que el grupo musicalizó durante su trayectoria. La intensidad estaba alta desde el primer momentos. Sonidos que respetaban las grabaciones que todos hemos conocido pero que en vivo aumentaban tremendamente la emoción. Echamos de menos a Ismael Serrano, que bien podía haber sonado con ellos en una emisora de la Bretaña francesa. Atmósfera intima y la vez grande. Voz delicada y a la vez penetrante, dejándonos iluminados en azul al final del tema con el sonido envolvente del sintetizador.

Y de ahí pasamos a la sonoridad de la plantilla de nuevo al completo en luz roja con un tema animado. Cristina bailaba mientras esperaba la entrada de su voz, que cuando empezó a cantarnos nos llevó a un paraíso iluminado por estrellas. El público empezó a hacer palmas y era la tercera canción. Paraíso en los confines de la tierra; cómo no: Compostela. Esta vez todos los caminos nos llevan allí. Y el Bodhram de Patxi acompañando y destacando sobre la batería, como el latido de ese paraíso al que todos queremos llegar.

La violinista nos saludó agradeciendo los aplausos y nos presentó una ciudad de la que se habla en el Códice Calixtino, cerca de Fisterre: Dugium. Pizzicatos en el violín y notas rápidas y juguetonas en la flauta nos hacían conectar con un tema tranquilo y a la vez vital, casi haciendo viva está ciudad sumergida bajo las aguas y consiguiendo reavivar las leyendas de la ciudad a la que nos lleva la Ruta de la Plata. Un final que se reavivó con la aparición de la gaita entre el solo de acordeón y flauta, que dio lugar a una enérgica explosión final que hizo estallar de nuevo al público con palmas. Eso sí que era un reel. De los auténticos.

La flauta y la guitarra nos introdujeron de nuevo en una atmósfera tranquila, como el mecer de una cuna, como esa familiaridad animada de esta música folklórica y ancestral. Sin voz pero no por ello menos cantabile. Y en los silencios de sus partituras la violinista y el acordeonista dibujaban notas con el mecer de su cuerpo para dialogar después junto al tutti instrumental que, sin batería, no dejaba por ello de tener menos ritmo, ritmo que acabó predominando en otra concatenación animada acompañada por las palmas del publico con una acentuación marcada e irresistible. Incursiones en la más pura música modal y tradicional que a nadie dejaba indiferente.

Y tras esta sucesión de temas la violinista nos hace viajar a la Costa da Morte, una villa marinera con sus leyendas y el arte del encaje de bolillos: la dulzura de Camariñas con su arrullo en el que no podía volver a faltar la presencia de la voz. Un tema que Cristina hizo muy suyo y personal con nuevos giros en la voz. Cualquier alma con resonancia gallega quisiera ser esa voz paseando por Camariñas. Nuevamente pizzicatos, luz en off y otro azul al finalizar.

Y de pronto, sonidos de taberna en “Os animais” y publico estallando en aplausos. Imposible no vivir el presente. Esto sí que fue meditación y disfrute. Todos acabaron cantando y Bieto destacó al público pasional y con ganas de marcha. Aprovechó la parada para contarnos sobre el significado de “Lubre”, palabra que en 2025  se incorporó al dicicionario y que significa nada más y nada menos que el claro del bosque sagrado donde los druidas celtas hacían sus rituales. Cruz de luna. Poesía con dos palabras. Y de ahí destacó la festividad de Navidad, el solsticio de invierno y cómo esta fiesta se vive en un ciclo que va desde el 10 de diciembre hasta el 10 de enero y que es muy importante para los gallegos. De ahí nace el nuevo tema “Nadal en Lubre”. Punteos de guitarra, sutiles golpes de platillos y pizzicatos del violín nos reciben en este tema al que pronto se incorpora la flauta en una bella progresión melódica descendente que lleva a la entrada del acordeón.Giros hacia una tonalidad menor liderada por la flauta y el violín que está vez dan la entrada a la gaita electrónica. nuevamente en tonalidad mayor para volver después a ese contaste emotivo y amable que lleva a la aparición de la gaita y un ritmo marcado que nos recuerda a esos desfiles de gaiteros que nos podemos encontrar en un viaje en cualquier pueblo del norte de España con influencia celta, en un hermanamiento entre sus pueblos, tema al que auguro un gran éxito en la incorporación a su repertorio.

Y en este punto del concierto Bieito nos lleva  a una nueva historia. Finisterre como final  del camino de los celtas en un atlántico que nos une y el mar como autopista desde la Bretaña francesa. Bieito bromea diciendo que es parecida a Galicia pero más cuidada y con menos eucaliptos, llevando ese hermanamiento de los pueblos de España hacia las fronteras de las tierras bretonas y ofreciéndonos tres temas tradicionales. Ritmo lento con acento marcado que lleva al público a aplaudir sutilmente. Predominio de los vientos con melodías juguetonas, quizá como los vientos que rondaban los mares del norte y que ayudaban a inspirar melodías. Juego entre los diferentes instrumentos, dándose paso unos a otros hasta ir de un crescecendo hacia una sonoridad violeta que nos envolvía en requiebros y melodías puras y tradicionales que, sin conocerlas, a nuestra alma celta le resultaba fácil de reconocer. Era fácil dejarse llevar a la Abadía de Beauport, cerca de Paimpol, donde comienza el camino celta francés, allí donde el mar desaparece, viene y va, en ese arrullo constante del ciclo de la vida del agua y la tierra. Qué lindas sonoridades para comprender y sentir estos lugares tan internos como externos a donde nos lleva a la vida.

Y pare seguir con el contraste, de tierras bretonas Luar na lubre pasa a la más pura lírica tradicional gallega con un tema delicado: “Non te enamores, mi niña”. Aquí vuelve la voz. Atmósfera más íntima donde se podía vislumbrar la delicadeza del público escuchando y donde brevemente hace aparición el whistle, otorgando una sonoridad más pura y celta al tema. Final con una melodía más europea que acaba en un elegante glisando con un delicado punto de guitarra y que tras un bravo del público nos lleva a O son do ar, el tema más conocido de la formación y que es conocido rápidamente entre el público. La  imagen nos deja a cuatro pilares instrumentales y la guitarra atrás pero no por ello menos importante. Violín, acordeones y flauta. Se incorpora el Bodhram en la segunda parte que de lejos, nos recuerda al repicar de unas castañuelas, uniendo alma, sentires y sonoridades que llevan a una explosión en la que se incorpora toda la plantilla instrumental y acaba con parte del público poniéndose de pie.

No es de extrañar entonces que en esa suerte de similitudes entre sonoridades celtas y andaluzas pasemos a una sonoridad con voz e igualmente animada que nos recuerda al acompañamiento rítmico e instrumental de alguna versión de la famosa Macarena. “La Macarena galega” la podríamos llamar. No se si algún productor se atrevería a hacer algún día una buena fusión como la que tuvo a bien hacer Paco Barrachina con el “Paco, Paco, Paco” de Encarnita Polo y el icónico “Singles Ladies” de Beyoncé.

Menciones aparte a tan maña aventura y propuesta, aún con los aplausos calientes de este último tema pudimos ver posiciones preparadas entre los instrumentistas como dispuestos para correr la reciente maratón de San Antón de Jaén, al calor de las antorchas y en ese guiño a la celebración celta de La Candelaria y la concentración alrededor del fuego que en tantos pueblos nuestros aún se sigue celebrando, legado de esos rituales ancestrales que aún se hacen eco en nuestro país, sobreviviendo con su esencia; rituales puros que son tan necesarios en nuestra sociedad estresada y que provienen mayormente de esta cultura celta a la que Luar na lubre homenajea hoy y que lleva homenajeando 40 años. De ahí pasamos al ritmo digo de una danza vikinga acompañada de un nuevo idioma y que bien podía bailarse alrededor de algunos de esos fuegos. Palmas y juego con el público a ritmo de tres golpes, como quien da la salida para que entren y salgan los danzantes en el corro.

Llegados a este punto Bieto nos avisa del final emérito con una Suite de tres temas en el que pide una colaboración colectiva. Se lleva el protagonismo una canción tradicional de escocia en la que nos invita a hacer un juego ondeando los brazos izquierdo, derecho o los dos y al que el publico se entrega moviendo los brazos que inevitablemente acaban en aplauso. Finalmente dos temas gallegos son los encargados de hermanarse con esta canción escocesa. El colofón llega jugando con sonoridades que rápidamente acaban con el público de pie pidiendo un bis que culmina en un zapateo y el grupo volviendo a entrar en el escenario palmeando y zapateando también. Desde ahí nos llevan a la siguiente festividad: el Carnaval en Orense, al cual Beito nos recomienda ir a pesar de la nieve. Y entre el público Beito descubre a una chica que regentaba el Café Teatro Umpalumpa, lugar donde se daban cita los felos, personajes rebeldes y enérgicos del carnaval.  “A danza dos felos” representa este espíritu propio de una festividad como esta.

Para terminar, no faltaron citas a las cantareras galeigas y a esa necesidad de conocer nuestras raíces en temas como Nao. Cristina va cerrando el ciclo con la presencia de su voz en una melodía cantabile y balaible, alternando las ultimas estrofas del concierto entre un gallego acabado en eiro y nuestro laralala.

Entre canciones y ya en su última despedida Bieito nos insiste en que volver a Andalucía siempre es un placer, una certeza. Y en su último tema nos despide con música popular portuguesa:  “Tú gitana”, que es la historia de un deseo y que es el final de sus conciertos desde hace tiempo. Con ella nos desean lo mejor y ponen el broche final invitándonos a hacer campos de estrellas con nuestras linternas y donde Cristina de forma muy intima acaba acunándonos  sola con su voz, en una retirada progresiva y sutil.

Luar na Lubre no merecían menos que ser contados en esa mezcla de profesionalidad, disfrute y mantenimiento de una tradición ancestral que a todos nos conecta con nuestras raíces, dejándonos una sonoridad amarilla y casi verde, como el sol en ese ciclo de conexión con la vida y la naturaleza. Esperamos volver a verlos pronto en la presentación de su nuevo trabajo. Mientras tanto esperamos que disfruten de toda esa sonoridad que representa toda una tradición y una conexión pura con su tierra en unión con otros pueblos y tradiciones.

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