Sociedad
El convento de Las Agustinas, sollozos y luminarias de una oscura historia

Triana Abad.
Siguiendo el rumbo de Niebla, nos vamos hasta el viejo convento de las Agustinas, llamado también, convento de Santa María de Gracia de las Madres Agustinas. Hacia 1515, la condesa de Niebla, Doña Elvira de Guzmán y Maldonado, funda esta orden religiosa, que cuenta con el honor de ser la primera orden religiosa de Huelva, concluyéndose la iglesia y la capilla mayor, en 1610.
Según los gustos sobre la arquitectura de la época, la construcción se realiza en estilo gótico mudéjar, lo que se puede apreciar en el claustro o en el patio de entrada, que conserva las columnas de mármol genovés de orden toscano, que sustentan los arcos de medio punto de ladrillo visto.
Aunque el terremoto de Lisboa no causó daños a la iglesia, sí que lo hizo en la zona residencial, siendo las obras de restauración que se llevan a cabo, financiadas por el rey Fernando VI.
El 20 de julio de 1936, los sucesos anticlericales que se levantaron en la guerra civil, provocan que la iglesia quede destruida y el convento saqueado e incendiado, perdiéndose piezas como el retablo del siglo XVIII o la imagen original de Nuestra Madre de Consolación. De manera temporal, la congregación fue trasladada al Convento de San Leandro, en Sevilla y en 1952, gracias a que algunos de los terrenos fueron vendidos al ayuntamiento de Huelva, se comenzaron las obras de restauración.
Los hallazgos
En esta obra de restauración, que realizan Luis Saavedra y Ricardo Anadón, se crea la actual cúpula y en una nueva restauración en 2003, por Carlos Barranco y Francisco Urbano, se recupera la fachada del proyecto de Pérez Carasa y lo convierten en la entrada al edificio.
Resultado de estas obras de restauración, fueron los hallazgos de cuerpos de niños y religiosas de la orden en el patio interior. La explicación más probable que se le da a este hallazgo, es que esos niños fueran algunos de los abandonados por sus madres en el torno de la entrada del convento, donde las madres podían dejar a los bebés sin que nadie las viera.
Muchos de los visitantes al convento, hablan de llantos, ruidos y sollozos de niños cuando cae la tarde. El patio interior, donde se encontraron los cuerpos, e la zona de mayor movimiento. Y no solo llantos y voces, también luces que viene y van, luminarias de las que se desconoce su procedencia.
Una historia que, desde luego, no deja indiferente a todo aquel que visita este convento en la capital onubense.
Fuente: La Huelva sobrenatural. José Manuel García Bautista
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